Por estos días el mundo entero habla de este hombre
latinoamericano, discípulo de Jesucristo,
redentor de los humildes y protagonista de una vida consagrada al servicio de los
pobres. Una persona sencilla y
coherente, un hombre del pueblo, de origen humilde, católico, gran orador,
devoto de la Virgen, un hombre recto y de una enorme grandeza espiritual.
Realmente este hermano nuestro que a entrado en la historia es el líder que necesitábamos para que soplen vientos de cambio. Su nombre ya está en boca de todos, el se llama: Hugo Chavez. Gracias, comandante, gracias.
Pero el mundo sigue girando y la mediatez
informativa nos obliga a ocuparnos de otras
noticias…
La columna de hoy se trata de: La Asunción del NUEVO PAPA
- Se sabe que Dios es Argentino, atiende en Buenos
Aires y ahora también puso una sucursal en el Vaticano. Estamos a full con las
exportaciones!!.
-
Por qué cuándo hay Papa se ve un humo blanco?
-
Porque la papa se fumiga 6 veces por año. Dicen que es peor que la soja.
-
La mayoría de los políticos de la Argentina se expresaron rápidamente ante la
noticia de la elección de Bergoglio:
La presidenta Cristina dijo: “Argentina, un país con buena gente”
Macri dijo: “Va a estar bueno el Vaticano”
De la Sota dijo: “Francisco, Corazón de mi país”
Luis Grión dijo: “Uno de nosotros”
Martín Llaryora dijo: “Vení a estudiar a San Francisco, te vas a
sentir muy bien”
-
En Jesús María ya son largas las colas de feligreses que quieren entrar al
local de Óptica Bergoglio donde dicen que hay una visión celestial.
- Como el Papa Francisco ya habla de UNA
IGLESIA POBRE PARA LOS POBRES, parece
que el párroco de Colonia Caroya va a cambiar el auto 0km que compró el año
pasado por un renol 12 para ir a dar misas comunitarias a los barrios más
pobres. También se habla de que los colegios privados católicos de la zona becarán
a todos los niños y jóvenes de familias humildes.
Bueno,
así vamos terminando esta sagrada columna. Si me preguntan les digo que estoy conforme
con el nuevo Papa, la verdad es que agradezco que no vino un Benedicto
Diecisiete.
Hasta
la próxima columna.

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